NOTAS

La Boca del Bullmastiff

Vamos a afrontar el estudio de uno de los temas más polémicos del estándar de la raza, para iniciar la lectura del mismo es necesario leer el artículo Como interpretar el Estándar( http://vaderbullmastiff.com/como-interpretar-el-estandar/ ), sin la lectura del mismo, la interpretación de este texto perderá eficacia.

La descripción del estándar sobre este punto nos refiere a “Mandíbula inferior ancha hasta su extremo. Nivelada (Mordida en pinza, borde con borde) deseada, se acepta sin preferencia un leve prognatismo inferior. Los caninos son grandes y bien separados. Los demás dientes son fuertes y están bien aplicados de manera regular”

Todo perro debe tener en su mandíbula inferior seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y seis molares (dos más que en la superior), el antepasado común de todas las razas, el lobo, tiene dientes mucho más grandes y la presión que ejerce con su mordida es muy superior incluso a los perros de mordidas más fuertes. Esto tiene sentido y se debe a un concepto evolutivo básico, ya que los perros han comenzado a depender casi por completo del hombre y por lo tanto sus necesidades de caza se han vuelto innecesarias, y con la aparición de alimentos balanceados más aun, mientras que los lobos necesitan desarrollar cada vez más esta habilidad para poder sobrevivir.

En esta evolución y ante la creación de distintas razas, las mordidas de los perros fueron evolucionando acorde a sus funciones, parte de los primeros criadores consideraban que el prognatismo facultaba a sus perros con una mordedura progresiva o de ”presa”, que, sin soltar el objetivo, el perro vaya ganando terreno sobre la superficie o volumen del mismo.

De una u otra forma, el prognatismo está presente en nuestra raza desde sus comienzos y el mismo genera  diversas opiniones a favor y en contra del tipo de mordidas que debe tener un Bullmastiff  –  “ Todavía algunos jueces se fijan más en la boca que en la cabeza, despreciando perros con cabezas típicas  con ligeros prognatismos–  o  –  “ El que cría prognaticos no está criando Bullmastiff de acuerdo con el estándar– , sostienen de uno y otro lado con, muchos por convencimiento y otros para no sufrir la  “ira regis” de sus maestros.

Creo que el primer punto en donde la búsqueda de estos criadores fracasa, es en no darle justamente el peso a la interpretación del estándar en todo su contexto ( Aquí es donde se hace necesaria la lectura referida, en el primer párrafo de este texto).

Cuanta la leyenda que el Bullmastiff no fue creado para morder, si no para acorralar y derribar al cazador furtivo, esperando la llegada del guardabosque, por lo que nunca necesito dientes grandes que muerdan y desgarren. Entiendo que estoy a punto de blasfemar parte del contenido de la mayoría de “los libros sagrados” de la raza, pero sinceramente creo que es muy poco probable que un perro de las características de un Bullmastiff del siglo XIX, pueda derribar una persona, e incluso que tenga la decisión de hacerlo, y dado el caso que esto hubiera sucedido, estoy completamente seguro que el perro utilizaría su boca en el enfrentamiento. Entendemos claro que en una función más de sujeción que de ataque, pero de cualquier forma para dicha tarea necesitaría dientes grandes y fuertes, una mordida bien ancha y sobre todo, un cuello bien musculado, para cumplir con efectividad dicha función. (Además en ninguna parte el estándar hace mención a que nuestros perros deban tener dientes del tamaño de granos de arroz, más allá de que este tipo de piezas va en demetrio del ancho de la mordida)

Esto nos da las pistas que necesitamos para entender, que antes de debatir sobre el tipo de mordida que necesita nuestro perro, tenemos que analizar el ancho de la mordida y el tamaño de los dientes. En el terreno de la suposición el Bullmastiff originario no necesitaba dientes grandes para morder, pero si orejas pequeñas para no ser agarrado ni mordido, esta contradicción nos recuerda que los cazadores furtivos generalmente iban acompañados por perros, los cuales seguramente deberían enfrentarse también al Bullmastiff (y seguramente este no los enfrentaría derribándolos) por lo cual nuestra primera meta será una mandíbula potente y ancha, con dientes grandes y fuertes.

¿Fue primero el huevo o la gallina? ¿Dónde va el caminante Johnnie Walker? ¿Es mejor Messi o Maradona? ¿El Bullmastiff debe morder a nivel o ser levemente prognatico?  Grandes incógnitas que atormentan la tranquilidad del hombre e intentaremos poner luz al menos en una de ellas.

Vamos a estudiar los tipos de mordidas permitidas en la raza, que es lo segundo en orden de importancia, que debemos analizar en el momento de ver la boca de nuestro perro.

Comenzaremos hablando un poco sobre el prognatismo, se cree que el mismo fue introducido en la raza por medio del bulldog inglés, encontramos su origen en las antiguas peleas de perros con Toros, bajo la creencia de que este tipo de mordida sujetaría mejor y más fuerte la presa. Los criadores de la época se les ataban unos tacos de madera en la mandíbula superior a fin de forzar el prognatismo, claramente este tipo de práctica después no podía ser trasmitida a otras generaciones, por lo que se cree que los criadores de Bulldog ingles utilizaron cruzas con Carlinos para incorporar paulatinamente el Prognatismo en sus perros.

El estándar permite un leve prognatismo en la mordida, aunque no lo prefiere, pero no determina como definir la medida de la palabra “leve”, por lo que mientras no se vean los dientes fuera de la boca el prognatismo debe estar permitido por el juez y no ser una falta.

Entre la amplia literatura al respecto encontramos un viejo artículo de 1993, donde refiere los problemas que causo en la raza en Francia una regla interpretativa del estándar, que privaba de la calificación de “excelente” a los ejemplares cuyo prognatismo supere el espacio equivalente a un fosforo (o cerilla de madera), entre las consecuencias negativas de esta regla se encontraban cabezas fuera de tipo y mordidas estrechas, a lo que personalmente creo que para lo que era la crianza francesa de la década del 80 ( si el articulo hace referencia a un décimo aniversario de la anulación de dicha norma, hablamos de 1983) sus problemas estaban más en la tipicidad propia de dichos ejemplares que en sus mordidas. Problemas que superaron en su mayoría al incorporar líneas inglesas, más que por anular la polémica norma.

Hay que entender que, en su fase evolutiva, desde la cabeza de Roger of the Fens, a las cabezas de nuestros días, si aplicábamos una interpretación estricta de las preferencias del estándar de la mordida, obteníamos una cabeza más parecida a la de un labrador que a la de un Bullmastiff, pero no debemos perder noción de que las cabezas actuales tienen muy poco que ver con la cabeza de Roger of the Fens.

La mayoría de los criadores pueden estar de acuerdo en que tanto las cabezas americanas como europeas, tienen la cavidad encéfalo-craneal braquicéfala, el europeo mantiene en su hocico y mandíbula estas características y el americano en su mayor parte mejora el cierre de su mordida, pero cediendo el largo de hocico. Esta afirmación es parcialmente cierta, además es verdad que, frente a una mordida a nivel, muchos perros no solo ceden en el largo del hocico, sino que cuando los labios superiores caen sobre los inferiores rompen el aspecto “cuadrado” que debe tener la cabeza, ahí es donde muchos caen en el prognatismo, porque es una solución rápida (requiere mucha menos información genética) para no ceder tipicidad. Esto a mi entender es donde la mayoría de los criadores fallan, porque solucionarían esto mejorando la profundidad de mandíbula, aunque esto es mucho más difícil de conseguir. Otro de los problemas que ya detallaremos mejor cuando nos hablemos de los belfos, es que una mordida prognatica al dejar los belfos muy abiertos, da la sensación una mandíbula ancha cuando el dibujo de la boca forma un “U” invertida (y no una “V” invertida), pero solo es un belfo largo y abultado. Por años estuve totalmente convencido que la “U” invertida le daba mayor tipicidad a la cabeza, y esto es parcialmente cierto, pero solamente cuando el perro adolece de otras características. Volvemos al concepto inicial, el prognatismo soluciona más rápido y fácil muchos de los objetivos que planteamos a la hora de tener una cabeza típica, entre ellos que hacer con esa piel que sobra al obtener una cabeza de las proporciones del estándar y mantener una funcionalidad aparente, pero a mi entender carecen de los argumentos de fondo y la solides genética-funcional-histórica que debería tener.

De esta forma en los Bullmastiff modernos las mordidas a nivel no deberían afectar en nada la tipicidad de las cabezas (tomando los recaudos mencionados ut supra), además de evitar todos los problemas que el prognatismo puede traer y con la ventaja de ser más funcionales en las competencias de belleza.

Sobre el enonagtismo y la mordida en tijera el estándar no se refiere, pero al describir la mordida de la raza a nivel y tolerando un leve prognatismo, se entiende que el enonagtismo y la mordida en tijera al apartarse de la descripción del estándar serán consideradas faltas, en el caso del enonagtismo los colmillos inferiores pueden lastimar el paladar, entre otros problemas, por lo cual interpreto que sería una falta grave. La mordida en tijera se desvía del estándar pero en un grado menor que el enonagtismo y sus consecuencias sobre la salud bucodental son mínimas por lo que podríamos considerarlo solo una falta, así mismo en Europa continental sobre todo Francia y Alemania este tipo de mordida es tolerada.

Funcionalmente el Bullmastiff de hoy no debe enfrentarse a otros perros ni a cazadores furtivos, no debe tener belfos y orejas cortas para evitar heridas y agarres. No estoy diciendo que nuestros perros deban tener estas características, pero hoy en día el Bullmastiff vive como una excelente mascota, un ejemplar sano, fuerte equilibrado, disuasivo y cuyo trabajo principal cuando no está cambiando de sillón favorito, se ve reducido a competir con eficacia en un show de belleza.  Su mordida siempre debe respetar el Estándar, pero al momento de buscar prioridades o ante lagunas interpretativas (que tamaño deben tener los incisivos, las dimensiones de las palabras “ancho” y “leve”) nos balanceamos entre su función histórica y actual, pero priorizando la salud de nuestro ejemplar.

Conclusiones:

Lo primero que debemos observar en una boca de un Bullmastiff son los caninos, que deben ser fuertes, anchos y bien separados. En segundo lugar, unos incisivos preferiblemente ordenados y de buen tamaño, que formen una mandíbula potente, ancha y profunda.

En segundo lugar preferimos siempre una mordida a nivel, tolerando en algunos casos un prognatismo moderado de cinco a siete milímetros.

 

Marcelo Burghi, Vader Bullmastiff Kennel